Desempenio deportivo made in China

25.08.2008 @ 12:13 \12\Mon, 25 Aug 2008 12:13:16 +0000\16 +0000 UTC

Pues ya se acabaron las olimpiadas y los resultados fueron más o menos esperados. China en primer lugar y USA en segundo. A lo mejor la sorpresa de esta edición de los juegos olímpicos fue el sobresaliente desempenio de los británicos que quedaron en el top 5 gracias a que se llevaron casi todas las medallas de oro en ciclismo. Los british no habían quedado en un top 5 desde 1984 cuando lo lograron con 5 medallas de oro.

También el resultado de México fue el esperado: una mediocre participación. Pero no, yo no le voy a tirar tierra al deporte en México. No yo no… para qué? Si ya otros lo hicieron y hasta mejor: Como ésta del periódico Vanguardia:

Olimpiada tras olimpiada, la película es la misma. Explicaciones van y vienen, todas para justificar el fracaso. Para pedir la cabeza del titular del deporte en turno. Por lo regular, algún deportista o atleta cercano al presidente.

Pero los resultados no mienten. La primera participación de México en una olimpiada fue en 1900, en París. Y en 108 años de competencias, nuestro país apenas acumula 53 medallas. Once de oro, 18 de plata y 24 de bronce.

Sólo para fines comparativos, basta decir que esas preseas son la mitad de las más de 100 que ganará Estados Unidos en Beijing 2008.

Pero ahí no termina lo dramático de nuestro deporte. Las 11 medallas de oro que México ha cosechado en 108 años equivalen a las que ganó Australia tan sólo en Beijing.

¿Más crítico aún? En más de un siglo, México apenas duplica las medallas de oro que ganó Jamaica en los juegos olímpicos que concluirán este fin de semana.

El caso de Jamaica es el que mejor ilustra el rotundo fracaso del deporte mexicano.

Con la delegación de 85 atletas, nuestro país apenas conquistó dos medallas, una de oro y una de bronce. Jamaica, con 56 deportistas -29 menos que México- ya tiene en su haber nueve preseas. Cinco de oro, tres de plata y una de bronce.

¿Cómo puede un país cuyo territorio es 180 veces más pequeño que México, con una economía que ni remotamente es comparable con la mexicana y con una población del tamaño de León, Guanajuato, crear una pléyade de superatletas que baten récords mundiales? ¿Cómo explicar que Kenia, con 55 atletas en Beijing, haya conquistado ocho medallas? ¿O que Etiopía, con 34 atletas, ya nos superó con tres medallas? Ni qué decir del caso de Cuba, que con una economía congelada, un territorio 18 veces menor que el de México y una población equivalente a la mitad de la que tiene la Ciudad de México, tiene en su medallero 14 preseas ganadas por sus 167 atletas en Beijing.

Por su extensión, México es el décimo cuarto país del planeta.

Además, tiene la décimo quinta posición en la economía mundial.

Pero ocupa el lugar 45 en competitividad deportiva.

¿Alguien se da cuenta de que la medalla de oro que ganó el mexicano Guillermo Pérez es la primera que recibe un atleta varonil en 24 años de competencias? Las últimas fueron las de Raúl González y Ernesto Canto en Los Ángeles 1984.

Esa falta de competitividad se refleja en un dato más. De los países que han sido sede de Juegos Olímpicos, México es el que menos medallas obtuvo cuando le tocó organizar las competencias.

O ésta otra de la Crónica en la que comentan el posible futuro de Guillermo Perez:

Por fin logramos llevar las marchosas notas de nuestro marcial Himno a las tierras de los viejos mandarines y los modernos jerarcas del Partido Comunista Chino. Y ante tan (relativamente) pequeña cosa, una sola medalla de oro, la patria se ha sentido confortada.

Entre cien millones de mexicanos no se pueden producir diez ganadores. Ni siquiera la diez millonésima parte puede hacer algo notable. Nuestra gente vive ausente del deporte. Pueden más los hombres y mujeres en sillas de ruedas a todo el contingente de matalotes y matalotas cobijados por los talegones de pantalón largo.

Pero no es ese el caso del señor Guillermo Pérez Sandoval.

¡Caray! Cómo somos fáciles, sencillos, simples de corazón; complacientes, condescendientes, siempre dispuestos a agradecer cualquier cosita. Una medalla, una, y las campanas se cuartean de tanto tañido festivo; se quedan afónicos los merolicos, se estremece el teléfono presidencial, se alzan los cristales en un brindis interminable y suenan los mariachis y con ojos llorosos se canta el “Cielito Lindo”. —¿Y si hubiéramos ganado 25 o 30 de estas doradas preseas? Quizá no hubiéramos gozado tanto, si tuviéramos no celebraríamos la ruptura de nuestra escasez. Pobres pero muy honrados.— Guillermo Pérez demuestra el fracaso de la política deportiva y exalta hasta el delirio la rara habilidad nacional de fabricar cuando es necesario un garbanzo de a libra. Pérez se hizo a contrapelo de los caciques de este deporte de reciente ingreso a los Juegos Olímpicos y no muy viejo en el país.

Un deporte, a fin de cuentas, de habilidad individual; una modernización de la tradicional enjundia de los boxeadores. Otros hombres y mujeres han hallado en la medalla de oro el pasaporte a la fama y la gloria. Si hasta quienes nunca la consiguieron viven de la “grilla” deportiva, cómo no habrán de ser predilectos estos ganadores en un país de mediocridad incurable y devoción por la derrota honrosa pero inevitable.

Guillermo Pérez Sandoval comienza hoy otra carrera tan peligrosa o más. Aquí, las patadas van a salir de las agencias publicitarias y los funcionarios oportunistas. Ya está listo el Premio Nacional del Deporte, ya terminaron de pintar el carro alegórico para pasearlo en el desfile del 20 de noviembre; ya las televisoras ofrecen más oro por la exclusividad, ya le vamos a dar una casa para su mamá, una beca y una tonelada de ayuda tan grande como inexistente cuando ciertamente la necesitaba. Se van a retratar con él, lo van a fatigar las reinas de la belleza y lo van a someter a un bombardeo contra el cual no hay peto, ni máscara, ni protección posible. Ojalá no sucumba como sucumbieron otros. Ahí están los ejemplos de Mariles y algunos más cuya inflamación los llevó de la gloria al infierno.

En fin, respecto a la medalla de Guillermo Pérez, a mí me dio mucho gusto que haya obtenido oro en Beijing. Me da gusto porque, en primera lo conozco y sé que es una persona muy sencilla y disciplinada (además es uruapense naturalizado), y en segunda porque le van a dar muchos apoyos como una beca de la fundación Telmex de 50 mil pesos mensuales durante los próximos 4 anios, así como un premio de 50 mil dólares por parte de la CONADE. Incluso hasta casa o automóvil va a recibir como si hubiera ganado algún programa de concursos.

Como mencionan en uno de los artículos arriba, le van a llover contratos publicitarios y demás ofertas y un montón de ayuda tan grande como inexistente cuando él la necesitaba. Sé de buena fuente que para ir al campeonato mundial de Tae Kwon Do en el 2007 su familia y vecinos tuvieron que organizar varias fiestas, vender playeras firmadas por él y todo con el fin de juntar dinero para comprar el boleto de avión para poder participar! Ahora las cosas van a cambiar para él en cuestión de lo económico, esperemos que no cambien en cuestión de desempenio.

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